Hay vínculos que no se explican. Solo se sienten.
Hay amores que no llegan para quedarse.
Llegan para despertarte.
A veces, el alma tropieza con otra y, sin aviso, todo se abre.
No es un encuentro casual, es un reencuentro sagrado.
Una sacudida en el corazón que no obedece al cuerpo, ni al tiempo, ni a la lógica.
Un “te conozco” sin haber pronunciado jamás el nombre.
Un “te echo de menos” que viene de otras vidas.
Un suspiro antiguo que vuelve a encontrar su eco.
Este amor no nace del deseo de tener, sino del impulso de reconocer.
Es la vibración exacta que tu alma anhelaba sin saberlo.
Y cuando llega, lo sabes. No hace falta explicarlo.
Pero no siempre es un amor que pueda quedarse.
Puede que la vida los haya sembrado en mundos distintos.
Caminos opuestos. Cuerpos incompatibles.
Heridas que aún no se han cerrado.
Lealtades invisibles que impiden la entrega.
Y aún así, el alma se inclina.
Porque este amor viene a recordar quién eres,
a abrirte a la belleza de lo efímero,
y a la certeza de que hay amores que no mueren porque nunca fueron nacidos:
solo recordados.
El amor espiritual no se consume.
No exige pertenencia.
No necesita un “para siempre”.
Solo un “te he visto”.
Un “te reconozco”.
Un “volveré a encontrarte”.
Y si alguna vez lo viviste, no sufras por haberlo perdido.
Porque lo verdadero nunca se pierde.
Lo verdadero permanece,
más allá del cuerpo, más allá del tiempo,
más allá del miedo.
Autora: Lalith – Alquimia entre Mundos
🌿 Donde el alma despierta, el amor deja huella.